Del capitulo: El tiempo Sublime. Pag 50:

 

Prometeo cansado en su lucha con el Águila

 

«Las obras de arte eran originalmente manifestaciones de la vida intensa, sobreexcedente, rebosante. Hoy se han perdido por completo las intensidades de la vida. Han cedido paso al consumo y a la comunicación. Incluso el Eros ha cedido paso a la pornografía. Hoy todo se nivela y se pule reduciéndolo al nivel absolutamente nulo. Justamente esta pulidez acelera la circulación de la información, de la comunicación y del capital, incrementando la productividad y la eficacia.

 

Hoy las cosas solo obtienen un valor si son vistas y expuestas, si acaparan la atención. Hoy nos exponemos en Facebook, convirtiéndonos así en mercancía.

 

Originalmente, la palabra «producción» no significaba «fabricación» ni «elaboración», sino «exhibir», «hacer visible». Este nivel semántico fundamental de la producción todavía sigue vigente en el francés. Se produire significa «presentarse», «dejarse ver». También en alemán se puede percibir este significado en el empleo peyorativo de sich produzieren, en el sentido de «darse tono». Sí, hoy nos afanamos en exhibirnos en las redes sociales, en Facebook. Dándonos tono, producimos informaciones y aceleramos la comunicación. Nos hacemos visibles, nos exponemos como si fuéramos mercancía. Nos exhibimos para la producción, para esa circulación de información y comunicación que hay que acelerar. La vida como producción total hace que desaparezcan tanto los rituales como las fiestas. En estas más bien se dilapida que se produce.

 

Hoy el capital lo somete todo. Lifetime value significa la suma de los valores que se pueden obtener de un hombre considerándolo como cliente si se comercializan todos los momentos de su vida. La persona humana queda reducida aquí al customer value, o al valor de mercado. Este concepto se basa en la intención de transformar a la persona entera, toda su vida, en valores puramente comerciales. El hipercapitalismo actual disuelve por completo la existencia humana en una red de relaciones comerciales. Ya no queda ningún ámbito vital que no esté sometido al aprovechamiento comercial. El hipercapitalismo convierte todas las relaciones humanas en relaciones comerciales. Despoja al hombre de su dignidad reemplazándola por completo por el valor de mercado.

 

En el mundo actual se ha perdido todo lo divino y festivo. Se ha convertido nada más que en unos grandes almacenes. Lo que se suele llamar sharing economy, o consumo colaborativo, nos convierte a todos nosotros en vendedores a la búsqueda de clientes. Llenamos el mundo de cosas con una duración y una validez cada vez más breves. El mundo se asfixia en medio de las cosas. Estos grandes almacenes no se diferencian esencialmente de un manicomio. Parece que lo tengamos todo, pero nos falta lo esencial: el mundo. El mundo ha perdido la voz y el habla; es más, ha perdido el sonido. El ruido de la comunicación ha sofocado el silencio. La proliferación y la masificación de las cosas ha desplazado el vacío. Cielo y tierra están repletos de cosas. Este mundo de mercancías no es apropiado para ser habitado. Ha perdido toda referencia a lo divino, a lo santo, al misterio, a lo infinito, a lo superior, a lo sublime. También hemos perdido toda capacidad de asombrarnos. Vivimos en unos grandes almacenes transparentes en los que nos vigilan y manejan como si fuéramos clientes transparentes. Sería necesario escapar de estos grandes almacenes. Deberíamos volver a convertir los grandes almacenes en una casa; es más, en un centro festivo en el que realmente merezca la pena vivir. »

 

 

Libro:

 

La sociedad del cansancio

 

Ensayo Editorial: Herder Editorial Edición: 2ªISBN: 9788425438547Publicación: 08/2017

Byung-Chul Han (Autor),Arantzatzu Saratxaga Arregi (Traducido por)